

La Lapa en Costa Rica y La Península.
En Costa Rica existen únicamente dos especies de lapas, también conocidas como guacamayos. La más emblemática es la lapa roja (Ara macao), reconocida mundialmente por su llamativo plumaje rojo intenso combinado con tonos amarillos y azules, así como por su fuerte vocalización y su presencia majestuosa en los bosques tropicales. La segunda especie es la lapa verde (Ara ambiguus), de mayor tamaño y coloración predominantemente verde, mucho más escasa y actualmente en una situación de conservación más delicada. Ambas especies forman parte del patrimonio natural del país y cumplen un rol clave en los ecosistemas, especialmente en la dispersión de semillas y la regeneración de los bosques.


Históricamente, la lapa roja habitó extensas zonas del Pacífico costarricense, incluida la Península de Nicoya, donde era común observarla en bandadas sobrevolando bosques y zonas costeras. No obstante, a lo largo del siglo pasado su población se redujo de manera drástica en esta región, principalmente como consecuencia de la deforestación acelerada, la pérdida de árboles centenarios utilizados para anidar y el tráfico ilegal de fauna silvestre, factores que terminaron por provocar su desaparición total a nivel local.
Hoy, esta historia comienza a revertirse. Gracias al esfuerzo sostenido, técnico y comprometido de la Asociación Conservacionista para la Protección de la Lapa Roja (ASOPROLAPA) de la mano de su líder, el Biólogo Vernon Arias Vega, la Península de Nicoya vuelve a ser hogar de esta especie emblemática. Actualmente se estima una población cercana a los 300 individuos en vida libre, distribuidos desde Playa Manzanillo, en el distrito de Cóbano, hasta la localidad de Río Grande, en el distrito de Paquera, un logro que representa uno de los procesos de recuperación de fauna silvestre más significativos del país y un verdadero motivo de orgullo regional.
La Historia. 📰

Desaparición de la Península. 🔥🪓
La deforestación masiva entre las décadas de 1960 y 1980, principalmente para expandir la ganadería y apoyada por una legislación que promovía la corta de arboles provocó una gran pérdida de bosques maduros, justamente el hábitat que las lapas necesitan para alimentarse y anidar. A esto se sumó la presión del y tráfico ilegal de fauna silvestre: muchos pichones de lapa roja fueron capturados de sus nidos para ser vendidos como mascotas exóticas.
Estas amenazas combinadas tuvieron consecuencias devastadoras. En la Península de Nicoya, la lapa roja fue desapareciendo hasta extinguirse localmente: hace unos 30 años no quedaba ni una sola volando libre en nuestros bosques.
La ausencia de esta ave emblemática era un síntoma alarmante de los estragos que causaron las actividades humanas en los ecosistemas.
Deforestación en la península.
En las imágenes correspondientes al año 1940 se observa la inauguración del primer rancho que funcionó como estructura inicial de la Escuela Carmen Lyra de Cóbano. En ellas se aprecia claramente el alto nivel de deforestación existente en ese periodo.


* Imagen restaurada utilizando I.A
Evolución de la cobertura boscosa:



El titánico proyecto de reintroducir la especie.
En 1996, la Asociación Pro Conservación de la Lapa Roja (ASOPROLAPA), fundada por Señor Guillermo Barceló Tous y la corporación Barceló y liderada por el Biólogo Vernon Arias Vega, inició un programa de cría en cautiverio de estas aves.
Bajo permisos oficiales, se estableció un centro de reproducción en cautiverio (zoocriadero) donde las lapas pudieran reproducirse en un ambiente controlado y seguro, con el fin de obtener crías saludables que en el futuro pudieran vivir en libertad.
Tras más de una década de esfuerzos, se logró criar suficientes lapas jóvenes sanas, listas para dar el siguiente paso. En 2007 se dio el momento más esperado:

La liberación de las primeras lapas rojas hacia su hábitat natural en la península.
La primera suelta ocurrió en la zona de Pochote, en el centro de Nicoya, donde se liberaron 10 guacamayos. Fue un hecho histórico ver a estas aves de vivos colores retornar a los cielos nicoyanos después de tantos años de ausencia.
Desde entonces, ASOPROLAPA ha continuado reproduciendo y liberando lapas rojas de forma periódica. A lo largo de los últimos 15 años, el proyecto ha reintroducido más de 200 lapas rojas en diferentes puntos de la península. Cada liberación va acompañada de un seguimiento minucioso: los biólogos monitorean a las aves liberadas para estudiar cómo se adaptan, qué comen, dónde duermen y qué riesgos enfrentan en su nuevo hogar silvestre. Además, para apoyar su establecimiento, el equipo instaló algunos nidos artificiales temporales en árboles, brindando sitios seguros donde las lapas pudieran anidar mientras el bosque regenerado aún no ofrecía suficientes cavidades naturales para hacerlo.
El trabajo de reintroducción ha dado frutos notables. Hace tres décadas no quedaba ni una sola lapa roja libre en Nicoya; hoy, en cambio, la península cuenta con más de 300 individuos viviendo en estado silvestre. Las lapas reintroducidas no solo sobreviven, sino que también se están reproduciendo por sí mismas en la naturaleza. Ya en 2009 se registró el nacimiento del primer pichón silvestre, y a la fecha se han contabilizado más de 150 crías nacidas en libertad en la región. Muchas de ellas nacieron en los nidos artificiales colocados por el proyecto, mientras que otras provienen de nidos naturales que las propias aves establecieron en grandes árboles.
1996 – Fundación.
inició un programa de cría en cautiverio de estas aves.
Bajo permisos oficiales, se estableció un centro de reproducción en cautiverio (zoocriadero) donde las lapas pudieran reproducirse en un ambiente controlado
2007 – Segunda Fase – Primera Liberación.
En el año 2007, con la liberación de las primeras 10 aves en la parte central de la Península de Nicoya, más específicamente dentro del campus del Club de Golf Los Delfines en la localidad de Pochote.
*Imágenes con fines ilustrativos.
2009 – Segunda Liberación.
Por segunda vez se realiza una liberación, esta vez fueron 30 lapas.
*Imágenes con fines ilustrativos.
2009 – Primer Nacimiento En Libertad. 🐣❤️
En el año 2009 se registró por primera vez el nacimiento de una lapa roja en vida libre, un hito histórico para la conservación de la especie en la península. Este acontecimiento ocurrió en uno de los nidos artificiales instalados como parte del proyecto, los cuales fueron diseñados para brindar a las aves espacios seguros de anidación.
2012 – Tercera liberación
En al año 2012 se realizó la tercera liberación con un total de 58 lapas rojas liberadas.
Desde entonces, a punto de llegar a los 30 años ASOPROLAPA ha rehalizado 8 liberaciones, siendo la última en el año 2024, con un total del 209 Lapas liberadas. 🔥

🐦🔥 De vuelta en nuestros cielos.
Actualmente, es cada vez más común avistar bandadas de lapas rojas sobrevolando los bosques, manglares y poblados del sur de la Península de Nicoya, desde Manzanillo de Cóbano hasta las cercanías de Río Grande de Paquera. Su presencia, antes impensable para muchas generaciones, se ha convertido en una imagen cotidiana que despierta asombro, alegría y un profundo sentido de identidad regional.
La lapa roja ha vuelto a integrarse plenamente al paisaje natural y cultural de la península. Sus alas multicolores cruzando el cielo y sus inconfundibles llamados resonando sobre los árboles recuerdan la estrecha relación entre la biodiversidad y las comunidades que habitan este territorio.
Para muchas personas, especialmente niñas y niños, ver lapas volar en libertad ya no es una rareza, sino parte de su entorno cotidiano.
Este crecimiento sostenido de la población, sumado al éxito reproductivo comprobado en vida silvestre, indica que la especie avanza firmemente hacia el establecimiento de una población local viable y autosuficiente a largo plazo.
No obstante, este logro solo podrá consolidarse si se mantiene el compromiso colectivo con la protección de los bosques, la prevención del tráfico ilegal de fauna silvestre y el respeto por las lapas en libertad, evitando repetir los errores del pasado que llevaron a su desaparición.
¿Cómo ayudar a conservar a las lapas? ♥️
La comunidad juega un papel fundamental en el éxito continuo de esta conservación. Cuidar de las lapas rojas significa, ante todo, respetarlas en libertad.
Es crucial no capturarlas ni tenerlas como mascotas, ya que estas aves pertenecen a su entorno natural y extraerlas perjudica tanto al individuo como a la población silvestre. Tampoco se debe intentar alimentarlas; ellas encuentran su alimento en el bosque, y darles comida procesada o inadecuada puede hacerles daño o volverlas dependientes de la gente.
Otro aspecto importante es no interferir con sus sitios de anidación. Con buena intención, algunas personas podrían querer colocar nidos artificiales por su cuenta para «ayudar» a las lapas, pero esto es desaconsejable.
La instalación de nidos artificiales requiere conocimientos técnicos y permisos especiales de las autoridades ambientales. ASOPROLAPA, en coordinación con el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC), se encarga de colocar y supervisar estos nidos de manera adecuada. Por lo tanto, lo mejor que podemos hacer los ciudadanos es apoyar a los expertos y seguir sus recomendaciones.
Existen varias maneras de colaborar con la conservación de la lapa roja. Por ejemplo, se puede participar como voluntario en las actividades del proyecto, ayudando en el monitoreo de las aves o en programas de educación ambiental.
ASOPROLAPA suele recibir voluntarios e incluso ofrece oportunidades para que estudiantes de colegio o universidad realicen sus prácticas o proyectos académicos relacionados con la conservación. También se puede apoyar difundiendo información: al correr la voz sobre la importancia de proteger a esta especie, más personas se suman a los esfuerzos y se fortalece el compromiso comunitario.
La historia reciente de la lapa roja en la Península de Nicoya nos deja un mensaje esperanzador. Una especie emblemática que había desaparecido de la región logró regresar gracias a la dedicación de conservacionistas y al apoyo de la comunidad. Ahora es responsabilidad de todos asegurar que las lapas rojas sigan surcando los cielos nicoyanos en las futuras generaciones, evitando repetir los errores del pasado y celebrando el valor de nuestra biodiversidad.
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